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CORNELIA PĂUN HEINZEL: `El cartero nunca más llama dos veces o Sueños...sueños...sueños...` parte i
 
 
 
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Cornelia Păun Heinzel: "El cartero nunca más llama dos veces o Sueños...sueños...sueños..." parte l  
traducción : escritora Jero Crespi y Cornelia Păun Heinzel  
Nicky entró en su viejo coche Skoda. Pegó su cabeza al volante mientras soñaba profundamente, con los ojos abiertos en su película favorita “El cartero siempre llama dos veces”. Había visto esta película en innumerables ocasiones, cada vez que tenía la oportunidad, siempre la veía con agrado. ¡Le gustaría hacer lo mismo que los personajes principales de la película! Soñaba encontrar una chica joven, hermosa, inteligente, rica, de que él quería escapar, como en las películas, como en el cine y permanecer él solo en su casa, con todo su dinero.  
  
Él quería más; más dinero, una casa, un coche lujoso, alta tecnología y que todas las mujeres hermosas lo admirasen cuando corría. Amaba la locura, el dinero y los coches caros. Pero el nunca amaría a una mujer. Así era él, Nicky. “A quien le gustase debía aceptarlo tal como era”, pensaba el joven.  
  
Cuando era pequeño, vió en sus padres, que el amor no tenía ningún valor. Cuando él tenía hambre su madre no había hecho la comida, como de costumbre y él tenía que buscar comida como siempre, en las casas de las vecinas o a las mujeres conocidas.  
  
No tenía compañeras, ya que la mayoría de estudiantes de la Universidad en la especialidad de automotor por carretera eran chicos. Eso era la dirección que quería seguir debido a que a él le gustaban los coches y su padre lo apoyaba. Pero podía visitar a las esposas de sus amigos, cómo era Elena, la esposa de Andrei, trabajadora en el taller de teñido de la fábrica “Bandera Roja”. Era una campesina morena, con el pelo corto, como un hombre, bien hecho, no era pobre, nada de grasa, ella estaba en casa y como siempre se lamentó:  
  
- Andrei está estudiando y trabajando todo el día. Me descuida todo el tiempo, no me siento en absoluto mujer, la mujer continuó inmersa en el pensamiento. Su sueño era todavía un hombre guapo, inteligente, trabajador y leal como Andrei, pero que tuviese relaciones sexuales con ella más a menudo. De la misma manera que había leído en los libros de amor, en su trabajo cuando no había demasiado trabajo pintando coches. Sin embargo su salario estaba bastante bien, incluso ganaba más que su marido, que era estudiante. Pero Andrei necesitaba trabajar duro para obtener dinero con el que mantenerse a él, a su esposa Elena y a su bebé. Su sueño era descansar y no estar fatigado, dormir y ser feliz, como un perrito en su cama tras muchas horas de trabajo agotador.  
  
Andrei era un hombre hermoso, moreno, con cara de actor de Hollywood, de estatura media; muy inteligente y trabajaba duro dado que provenía de una familia de pocos ingresos. Su padre era carpintero y su madre era a casa. Él necesitaba pagar el alquiler de su casa, la casa de un compañero de estudios, de clase adinerada, con una situación financiera mejor. Tenía dinero para el alquiler y también la visión de los videos, porque era la única posibilidad que tenía de ver películas extranjeras, especialmente aquellas de alto contenido sexual y pornográfico.  
  
Las palabas de la mujer no quedaron sin efecto sobre Nicky, era un chico amable, el tenía abundantes talentos y consolaba con alegría a la pobre mujer.  
  
Elena se sentía atraída por la estructura atlética, el físico del hombre alto frente a ella, con su pelo negro, rizado, boca pequeña y labios carnosos; tenía algo infantil y a la vez parecía tan masculino, con la barba sin afeitar. “Voy a darle a cambio un gran plato de sopa de fríjoles”- pensó la mujer feliz.  
  
-¡Qué deliciosa! ¡Eres una cocinera increíble!- dijo Nicky encantado y entusiasmado, sorbiendo ruidosamente el liquido humeante de la cuchara. “Es deliciosa, pero mañana voy a ir a comer con mi padre”-pensó Nicky. “Sera un verdadero placer”.  
  
Su viejo padre, rondaba los sesenta años y tenía unas relaciones más tranquilas con las mujeres. Conoció a una rica húngara, Llona, que vendió una casa. Llona era gorda, de pequeños ojos azules, su pelo casi calvo levemente tintado de rojo como el fuego.  
  
El señor Olive siempre era cortés y amable con las mujeres. Con ese comportamiento siempre había conquistado a las mujeres que había deseado. Con la cara roja permanentemente, alto, corpulento y calvo, con unos pocos trazos de pelo blanco, parecía atractivo a muchas mujeres.  
  
Ilona, su última conquista, tenía un talento especial, como todas las mujeres húngaras para cocinar bien, comida muy picante. Al principio de cada comida servía un vaso o dos de aguardiente de ciruela, posteriormente una deliciosa sopa húngara junto a un goulash picante y apetitoso, las tartas de Ilona al finalizar la comida eran más que unos verdaderos placeres culinarios. “Es fuerte el viejo, me gustaría tener cerca una amante como Llona” –pensó Nicky soñando. “Nunca tuve suerte de conocer alguna así”.  
  
Las mujeres con las que tenía aventuras, vecinas del bloque de su madre, que habían crecido con él, le gustaban las sensaciones fuertes pero no eran demasiado maestras de cocinar. Pensó inmediatamente en la señora Irimia, mujer fuerte pero no muy hermosa. Tenía unos enormes pechos. Cuando cubrían su rostro, estaba completamente fascinado por ellos. Su hija también tenía esos pechos, pero no se fijaba en él. Tenía un novio, compañero de la facultad de Medicina, donde estudiaba. Era la misma con su madre. En la Universidad de Brasov, los estudiantes son demasiado serios –pensó Nicky- especialmente las chicas. Él no tenía ninguna posibilidad con ellas. Consiguió engañar una vez a Ildiko cuando tenía exámenes atrasados de recuperación en otoño y la residencia de estudiantes estaba cerrada. Le ofreció alojamiento en casa de Sacele, donde surgieron unas cuantas noches de sexo loco. Él está convencido que lo que se decía acerca de las mujeres húngaras que estaban dispuestas y eran buenas en la cama, era completamente cierto.  
  
Ilona miró a los dos hombres que estaban comiendo con placer sus delicias, mientras dejaba sus sueños volar, donde se encontraba en una playa con arena y oro fino, donde la brisa del mar acariciaba sus fosas nasales y el señor Oliva la trataba como a una princesa. Una playa de Costa Rica, de la Costa del Sol o la Costa Azul… solo tenía dinero para viajar ella y el señor Oliva. Soñaba vagar por todo el mundo, en los brazos protectores del hombre, cuando ella se había jubilado por fin había encontrado a su alma gemela, aquella que había esperado toda su vida, su gran amor, el señor Oliva. Pero ella no entendía su demora, probablemente el hombre tenía sus razones, su trabajo que todavía tenía que realizar.  
  
-¿Cuándo haremos el viaje a Grecia que habíamos planeado durante mucho tiempo? –preguntó la mujer.  
  
- Cuando tengamos tiempo, ahora no podemos ir. No puedo faltar mucho tiempo al trabajo. El señor Oliva tragó el último trozo de la tarta deliciosa y Llona pidió un poco de brandy. Poco a poco fue sirviéndolo en un vaso de cristal, mientras soñaba ansiosamente que escapaban de Ilona, uno para coger el dinero y encontrar a una mujer joven entre las trabajadoras que venían al pueblo. El señor Oliva era ingeniero del Automóvil a la fábrica “Bandera Roja”. “Voy a aplazar los viajes de Ilona, con su dinero voy a viajar con otra mujer a tierras extranjeras” –continuó soñando el señor Oliva.  
  
……….………………………………………………………………….  
-He quedado con una chica –dijo Nicky de pronto al señor Oliva. Dame un poco de dinero, tengo que ir a un local de lujo y cuesta más dinero.  
  
- Aquí tengo poco dinero, creo que va a bastar, respondió el señor Olivo, mientras buscaba el dinero en el bolsillo y se lo entregaba al joven.  
  
- ¡Gracias papá! ¡Ahora tengo que ir rápido al encuentro! ¡Adiós y gracias por la comida! – dijo Nicky, levantándose de la mesa marchándose.  
  
“Con el dinero puedo invitar a ir al local más lujoso de la ciudad “Aro”, o a “La Ciudadela”, pero está en la colina o a “Poiana Brasov” y está un poco lejos” –pensó Nicky. Es mejor ir a “La Cena”, está en el centro histórico, cerca de Aro y es más barato además me quedará algo de dinero –continuo Nicky con su cadena de pensamientos- creo que le gustará a Cristina.  
  
Cristina era una chica rubia, con cara de muñeca, delgada, de mediana estatura.  
  
Nicky siempre se sintió atraído por las chicas más bajas que él. Sentía que con su 1,94 las protegía, así se sentía más masculino. Pero Cristina era demasiado tranquila para él. Era la hija de un maestro, colega de su madre. La chica era buena estudiante en la Universidad además tenía una buena situación financiera. Ella no tenía aún veinte años y sus padres le compraron una casa y un coche. Ella no había empezado su vida sexual con hombre, pero sus compañeros siempre eran a su alrededor y la mimaban como a una princesa.  
  
Nicky hasta ahora había tenido relaciones solamente con mujeres frívolas, con las que se acostaba en la primera noche, pero con Cristina, esto no fue posible.  
  
La muchacha salía de las clases de la Universidad y la esperaba a la salida.  
  
- Vamos a tomar un café y una tarta de un local –dijo el joven, dirigiéndose al Boulevard del centro de la ciudad donde los locales se alinean uno tras otro.  
  
Primero entraron en “Aro”.  
  
- ¡Esta demasiado lleno de gente! –dijo Nicky, volviendo sus ojos a través de los clientes del local, en su mayoría extranjeros.  
  
“Tengo que demostrar a Cristina que yo puedo ir al local más caro, pero la atmósfera de este no es demasiado agradable, así que vamos a “La Cena”, como había planeado antes, ¡soy hábil! “ –pensó el joven.  
  
Referinţă Bibliografică:
CORNELIA PĂUN HEINZEL: `El cartero nunca más llama dos veces o Sueños...sueños...sueños...` parte i / Cornelia Păun : Confluenţe Literare, Ediţia nr. 2770, Anul VIII, 01 august 2018.

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